Eva quiso retirar la pregunta apenas la escuchó en el aire. Agustín había quedado callado, mirándola directamente, sin retirar la vista de sus ojos.
Eva no fue profesional.
Ni tampoco fue prudente.
No era una pregunta que pudiera justificar con ninguna teoría, ningún encuadre ni ninguna distancia terapéutica.
Le había salido desde un lugar que no sabía cómo defender.
Esa sesión ya no lo estaba liberando solo a él. También estaba tocando algo que Eva llevaba días intentando esconder.