Vanessa había aceptado salir a festejar, al fin, su tan deseado ascenso porque, según sus compañeras, necesitaba una noche en la que nadie le preguntara por Agustín, por el divorcio ni por todo lo que había quedado desordenado después de la separación. Todas creían que su esposo había sido el infiel.
Su jefa insistió en invitarla a tomar algo con algunas compañeras del trabajo y, aunque al principio pensó quedarse solo un rato, terminó sentada entre copas, risas y conversaciones que nada tenían