La puerta de la sala de juntas ejecutiva se clausuró firmemente tras la partida de Elena y Mary, llevándose consigo los remanentes de la crispación. En el interior del recinto, sumido de imprevisto en la quietud, Elly continuaba sentada en absoluto silencio.
Su anatomía permanecía rígida y mantenía la frente inclinada hacia la superficie desierta. Su espíritu aún se encontraba bajo un intenso letargo; aquel imprevisto encuentro con las mujeres que habían desmantelado su porvenir provocó que cad