ROSA NEGRA
El nuevo ciber estaba peor que el anterior.
Paredes grafiteadas, el teclado pegajoso, y una señora roncando en la cabina de al lado.
Perfecto.
Me acomodé en la silla, subí la capucha de mi chaqueta negra y conecté el pendrive oculto en mi llavero. En segundos, el equipo se reinició con mi sistema personal.
Los íconos aparecieron como fantasmas conocidos.
La rosa negra en el centro.
Mi firma.
Mi amenaza.
—Hora de jugar, zorrito… —susurré con una sonrisa torcida.
Tenía el objetivo: una