ASHTON GARDNER
Después de hablar con William, regresé al interior buscando a mi esposa. Ya era tarde. Las luces cálidas de la casa envolvían todo con ese aroma hogareño que solo Lissandra sabía crear, pero había un pequeño problema: la sobrecarga de azúcar en el cuerpo de mi hijo.
—¡Soy un dragón! ¡Voy a volaaaaar! —gritaba Erick, corriendo por el pasillo con una capa improvisada que claramente había sido una de mis camisas.
Liss estaba sentada en el sofá con una mano sobre la frente y otra suj