LISSANDRA
Entré al café con paso seguro. El contrato bajo el brazo, mi cartera colgando del hombro y el recuerdo del beso de Ash todavía en los labios. Le había prometido que estaría bien. Y lo estaría. El café estaba lleno, pero encontré una mesa cerca de la ventana, pedí un espresso doble y saqué los papeles mientras esperaba al señor Coleman.
Miré el reloj. Faltaban cinco minutos, tomé mi celular y escribí.
— Ya estoy en el café amor, te aviso cuando salga, te amo.
— Cuídate pequeña.
Sonreí,