ASHTON GARDER
Ella estaba sobre mí, con esa bata que apenas la cubría, y yo… yo estaba reviviendo.
Como si Lissandra Gardner fuera mi antídoto.
Mi oxígeno.
Mi necesidad más primitiva.
—Hazme tuya, Ash… —susurró, temblando encima de mí.
Y bastó eso.
Esa súplica.
Esa mirada de amor y lujuria mezcladas.
La sujeté de la cintura con fuerza y la tumbé debajo de mí. Mis labios cayeron sobre su cuello, devorando cada rincón, mientras mi cuerpo recordaba exactamente cómo hacerla gemir.
Como si ningún ce