GISELLA ROBERTS
La oficina olía a whisky caro, cuero y frustración.
Tenía el aire acondicionado al máximo, pero, aun así… el asco me hacía sudar.
Frente a mí, como dos perros bien entrenados, estaban Marcel Alba y Eduardo Maldini. Ambos fallidos.
intentos de borrar a Lissandra.
—Déjenme ver si entendí bien —dije, cruzando las piernas lentamente mientras giraba el anillo de oro que llevaba en el dedo—. Tú, Marcel, te hiciste pasar por Erick, después de que yo investigara todo y te diera la infor