LISSANDRA
La habitación seguía en penumbras. Silenciosa.
Ash seguía tendido sobre la cama, su pecho subía y bajaba con dificultad, el rostro cubierto por un leve sudor, los labios resecos.
Ya no era mi monstruo dominante, ni el CEO implacable.
Era solo Ash.
Vulnerable.
Mi amor.
El hombre que lo dio todo por mí.
Vi la ropa interior de Gisella en el suelo. Roja. Asquerosa.
La tomé con dos dedos y la lancé directo a la chimenea de la suite.
Junto con su vestido.
Las llamas los devoraron sin compas