LISSANDRA
Entré a la tienda con una sonrisa traviesa. William se quedó en el auto esperándome. Quería acompañarme para protegerme, pero yo necesitaba privacidad.
Quería algo especial, algo que gritara: "soy tuya", pero también "soy sexy".
Recorría los estantes de encaje, seda y transparencias con los dedos, imaginando su voz grave diciéndome: “Quiero rojo… como esa primera vez”. Solo esa frase bastaba para que mi cuerpo reaccionara. Era increíble cómo podía excitarme con tan pocas palabras.
—¿B