LISSANDRA
—¡Rápido, necesitamos una muralla lateral! —gritó Oliver mientras alineaba sillas con precisión arquitectónica.
—¡Esa estructura no va a resistir la embestida de un dragón! —replicó Ethan, cargando una montaña de almohadones como si fueran sacos de cemento.
Y ahí estaba yo. Sentada en el suelo de la sala de reuniones, con mi café frío entre las manos, mirando cómo dos adultos convertían el lugar más elegante de la empresa en una zona de guerra medieval con cojines, mantas y mucho, muc