LISSANDRA
El vestido colgaba del perchero como una promesa.
Blanco, elegante, con caída de seda, escote corazón y una espalda abierta que gritaba sensualidad y poder. Las flores naturales llenaban la habitación con su perfume, y el murmullo lejano de los invitados llegaba como un eco suave.
Me miraba al espejo, con el maquillaje impecable, el corazón latiéndome en la garganta y los nervios vibrando bajo la piel.
Faltaban minutos.
Erick ya estaba vestido con su mini traje blanco, nervioso y ador