LISSANDRA
El cielo estaba despejado, bañado por un sol dorado que comenzaba a teñir de magia el atardecer.
Desde la ventana de la habitación, respiré profundo… y supe que era hoy.
Mi día.
Nuestro día.
El patio de la mansión Gardner había sido transformado en un rincón de paraíso: columnas vestidas en tul blanco, flores naturales cayendo como cascadas, y un pasillo que parecía flotar entre luces suaves y emociones contenidas. Todo era íntimo, perfecto… sagrado.
Mi mano temblaba, no por miedo… si