MARCUS BLACK
Lissandra estaba sonriendo. No era una gran sonrisa, apenas una curva pequeña, casi imperceptible, pero yo la vi. Después de tantas semanas con esa mirada vacía, con el alma apagada y la voz hueca, verla así, con un atisbo de vida en los labios, me descolocó por completo. Había estado sumida en una niebla emocional tan densa que ni siquiera fingía estar bien, y de pronto, sin previo aviso, sonreía.
No tenía sentido. No después de todo lo que había pasado. No después de lo que yo mi