Los pasos de Angelo resonaron firmes al cruzar el vestíbulo del Fiore d'Oro. Su mente vagaba entre los recuerdos de la noche y la imagen de Serena, la joven que había dejado frente a su edificio. Había algo en ella, una fragilidad envuelta en valentía, que lo intrigaba más de lo que quería admitir.
Cuando finalmente cerró la puerta de su suite, se quitó el abrigo y se desplomó en el sillón, encendiendo el móvil para revisar sus mensajes. Apenas pasaron unos segundos antes de que la pantalla se