Desde que los Belrose llegaron, el doctor Branson trataba de aparecer lo menos posible en la casa, no quería incomodar a Hatsú, por eso permanecía gran parte del tiempo en su laboratorio ubicado en el sótano de la vivienda. Se moría de arrepentimiento cada vez que la veía y la tristeza lo embargaba al notar el odio con que lo miraban sus ojos azules, pero sabía que no podía hacer nada para revertir ese sentimiento en ella. Era imposible cambiar el pasado, por eso prefería darle espacio y aunque