Arnold se asustó. Lo primero que pensó fue que se trataba de un robo.
—¡Hey amigo, llévate lo que quieras! —exclamó el muchacho con los brazos en alto— ¡Llévate el auto!
Los hombres lo miraron con escalofriantes sonrisas en sus caras pálidas. Arnold sintió que la sangre se le convertía en hielo, empezaba a dudar de que se tratara solo de un robo.
Karan saltó desde los linderos del bosque y se colocó cerca de él, de frente al grupo del auto negro.
—¡Vuelve al auto! —gritó Karan con voz potente.