Laurel
Tras saludar a mis bebés, me senté en mi escritorio y miré a Liadrek, quien se quedó de pie con los brazos cruzados. Le extendí la carta que había traído conmigo.
Él frunció el ceño cuando la agarró. Con precaución, la sacó del sobre y empezó a leer. Noté cómo la expresión de su rostro cambiaba a medida que se sumergía en el mensaje.
Lo percibí tensarse.
—¿Es lo que creo que es? —masculló entre dientes mientras apretaba el papel con furia contenida.
Asentí y me levanté de mi asiento para