Laurel
Los latidos de mi corazón se manifestaban vibrantes en mi pecho, haciéndome sentir atrapada en su danza vehemente.
Incluso se me olvidó cómo respirar. Mis manos peludas temblaban, a la espera de que surgiera la chispa, pero nada sucedió.
No hubo olor especial, ni esa corriente que se suponía debía sentirse en la piel, ni un reconocimiento de que, frente a mí, estuviera mi mate.
Nada...
Draevor y yo no estábamos destinados.
Ambos suspiramos al unísono, con marcada decepción, pero estábamo