Kaia
Corría en medio del bosque; mis pies descalzos pisaban la grama punzante sin cuidado, pues mi enfoque estaba en ocultarme de Zebastiel y asustarlo con mi ausencia.
Sin embargo, cuando me di cuenta de todo lo que había corrido entre risitas e imágenes de la cara preocupada de mi hermano en mi imaginación, ya estaba demasiado alejada.
—Oh... —Miré a mi alrededor en busca de un camino de regreso, pero desconocía la zona—. ¿Dónde estoy? —le pregunté a la nada mientras observaba todo a mi alrededor, desorientada.
Suspiré para tratar de recordar qué camino había tomado hasta allí y empecé a olfatear mi propio rastro, pero como todavía no tenía mi lobo, mi sentido del olfato no estaba muy desarrollado, así que fue difícil encontrar el camino de regreso a mi hermano.
—¡Tonta! ¡Esto me pasa por bromista! —proferí, frustrada, y traté de rememorar cómo fue que llegué tan lejos.
Eran tres senderos entre los árboles, pero de verdad no venía pendiente, así que no sabía cuál tomar.
—Ni modo, to