Kaia
Nevan se mantuvo en silencio el resto de la cena; sin embargo, sentía su mirada clavada en mí, por lo que me daba miedo mirarlo yo.
Me levanté de la mesa y empecé a recoger los platos; él también tuvo la misma idea y, por accidente, nuestras manos se rozaron.
¡Uy, me dio corriente!
No pude evitar mirarlo, y sus ojos fieros me provocaron un vuelco en el pecho. Tragué pesado y exhalé largo y profundo; luego, quité mi mano con premura.
¿Por qué me miraba así? Sus ojos me daban miedo...
—Yo lo