Zebela
Dos semanas después...
Quieta, en la misma posición, observaba con cautela los movimientos de mi oponente. Estudiaba cada mínimo detalle que me fuera útil a la hora de atacar, memorizando los posibles puntos débiles de los que podría tomar ventaja.
El sudor, que empezaba a humedecer mi piel, me provocó un pequeño picor en la frente. Tuve la tentación de pasar mi mano; no obstante, me reprimí. Estaba atenta a mi objetivo y lista para lanzar mi primer ataque.
Mi salto fue sutil, como el d