Olivia bajó la mirada. Sus labios temblaron y el aire se volvió espeso en su garganta.
Una lágrima se deslizó silenciosa por su mejilla, como si su alma comenzara a desmoronarse gota a gota. No respondió. No podía. Pero su silencio fue la confesión más brutal que Luciana podría haber recibido. Más que mil palabras, ese gesto bastaba para confirmar sus peores temores.
Luciana retrocedió un paso, como si el suelo bajo sus pies se hubiera transformado en un abismo.
Su respiración se volvió errática