Días después
Marfil temblaba.
No sabía si era por el frío de la mañana, por los nervios que tenía en el pecho o por la mezcla de emoción y miedo que le hervía bajo la piel. Estaba sentada frente al espejo mientras Miranda, concentrada, deslizaba con precisión un pincel de maquillaje sobre su rostro.
—Estoy tan ansiosa… —murmuró, sin poder ocultar la inquietud en su voz—. ¿De verdad crees que pueda ser finalista?
Miranda soltó una carcajada suave, tan segura de sí misma que, por un instante, Marf