Marfil retrocedió un paso, con el corazón a punto de colapsar. Sus ojos, abiertos como si casi pudieran salir de sus cuencas, reflejaban un terror tan profundo que parecía no caber en su rostro.
—Princesa… —susurró el hombre, con una voz cargada de nostalgia y desesperación.
Ese apodo… Ese maldito apodo que la hacía temblar.
Marfil sintió un escalofrío recorrerle la espalda. El aire a su alrededor se volvió pesado, como si el tiempo se hubiera congelado. Aquel hombre que tenía frente a ella no p