Cuando Miranda llegó con Charlie al nuevo salón, lo primero que hizo fue soltarse de su brazo y alejarse de él.
Su mirada estaba perdida, su respiración agitada, y su mente en otro lugar. Charlie lo notó de inmediato.
—¿Qué pasa? —preguntó con tono sarcástico—. ¿Ya no me vas a usar como tu novio postizo?
Intentó abrazarla, buscando cercanía, pero ella lo empujó con fuerza. Su mirada era dura, dolida.
—¡Basta, Charlie! Déjame en paz, no estoy para tus juegos.
Charlie frunció el ceño, herido.
—No