Marfil rompió el beso, jadeante, con la respiración temblorosa.
La cercanía de Imanol la quemaba como un fuego dulce y desconocido. Lo miró a los ojos, y por un instante se vio reflejada en ellos. En esa imagen reconoció su vulnerabilidad. Dio un paso atrás.
—Esto… no, Imanol —dijo en voz baja, como si cada palabra le doliera.
Él bajó la mirada. No necesitaba decir nada más; su expresión lo decía todo. Estaba herido, profundamente.
—¿Por qué? —susurró él con voz quebrada—. Pude sentirlo, Marfil.