—¿Abandonarás a Imanol por miedo?
La voz de Miranda cortó el silencio como una cuchilla.
Marfil no pudo contenerse más. Sus lágrimas, esas que llevaba conteniendo como una presa a punto de romperse, comenzaron a caer, calientes, pesadas, llenas de rabia y dolor.
—¿Qué hago? —susurró, como si la respuesta estuviera enterrada en algún rincón olvidado de su alma.
Miranda, derrotada por la impotencia, se dejó caer al borde de la cama.
La tela crujió bajo su peso, como si incluso los objetos de la ha