Ariana miró a Miranda, el miedo en sus ojos, como una tormenta oscura que la arrastraba a un abismo.
Un silencio pesado llenó la habitación, más pesado que el dolor que sentía en su cuerpo. La incertidumbre la abrazaba, y un sentimiento de impotencia la ahogaba.
Pero lo peor era el miedo a que alguien más arruinara su vida.
—¡No! —susurró, su voz, apenas un suspiro—. No quiero que arruines tu vida por mí…
Miranda la miró, con los ojos brillando de rabia contenida, pero sus palabras eran firmes,