Cuando la abogada Martínez llegó al hotel, Miranda la condujo rápidamente hacia la habitación, sin perder un segundo.
—¿Recuperó su licencia? —preguntó Miranda, con la voz baja, pero con una firmeza inquebrantable.
La abogada asintió, su expresión grave.
Aunque su rostro mostraba la calma que intentaba proyectar, sus ojos traicionaban un leve temblor, como si todo lo que había dejado atrás la persiguiera.
—Sí. Al final, la justicia prevaleció. Pero… tengo que ser honesta, aunque me cueste admiti