Sergio se quedó paralizado, la pantalla del teléfono brillando frente a él como un espejo de su miseria.
Sus ojos recorrían, uno a uno, los cientos de mensajes que Lorna había enviado a Ariana durante las últimas semanas.
Cada palabra, cada foto, cada video era una daga clavada en su pecho.
Las sonrisas en las imágenes, tan falsas como su amor, las miradas cómplices entre ellas, las palabras cargadas de veneno... Todo eso le perforaba el alma, dejándole una herida que no sabía si podría sanar.
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