Sergio bajó lentamente el arma, su respiración agitada, el rostro desencajado por una mezcla de odio y desesperación.
—¡Ariana! —gritó—. ¡Ella nos separó! ¡Fue Lorna! Ella me sedujo… fue como un hechizo, ¡yo no quería engañarte! ¡Te amo a ti! Solo a ti. Si la mato, todo entre nosotros volverá a ser como antes… ¡Te demostraré que eres la única!
Marfil lo miró con una mezcla de horror y repulsión. La sangre le helaba las venas.
“Está loco… completamente loco”, pensó.
Negó con la cabeza lentamente,