Lynn se levantó de golpe, como si las palabras de Miranda la hubieran abofeteado.
—¡Eso no es cierto! —gritó, su voz temblaba entre la rabia y la incredulidad—. Yo conozco a Sergio… Él no es ese hombre que me dices. ¡Él ha sufrido por Ariana! ¡Lo he visto llorar por ella! ¿Cómo puedes ser tan cruel?
Miranda la observó con tristeza, como si ya hubiera visto ese mismo patrón repetirse en otra mujer rota.
Su expresión era serena, pero sus ojos hablaban de dolor y cansancio.
—Si sufre, Lynn… quizás