Imanol no pudo apartar la mirada del video. Lo había visto todo. La risa coqueta de la mujer. El cuerpo de su hermano inclinado hacia ella con familiaridad asquerosa. La oficina donde su hermano “debía trabajar”.
Sintió una punzada en el estómago, como si el asco tuviera dientes.
—¿Cómo pudiste, Sergio...? —susurró, pero el odio le trepaba por la garganta como lava.
Lynn lloraba. Ni siquiera intentaba contenerse. Salió del restaurante como si huyera de una pesadilla, con los ojos nublados y el c