La noche fue fría, lluviosa y con truenos, se sentía el viento soplar contra las ventanas, la madera crujía entre el vaivén del agua y el viento. Era una tormenta. Lo que al principio parecía sólo ser una nevada , se volvió una tormenta eléctrica.
La lluvia no era tan fuerte como el viento y los truenos, Alana había perdido la cuenta de cuántos habían caído.
No sé atrevía a voltear hacia donde estaba el lobo que permanecía acostado detrás de ella, estaba apenada, parecía una niña de seis