Sus mejillas estaban rojas, su boca seguía siendo tomada con ímpetu y aunque ella respondía el beso, sabía que algo no estaba bien. Apenas y la soltaba por unos segundos para tomar aire y volvía a tomar sus labios.
En aquella raíz de un gran árbol, Alana permanecía recostada, con un cuerpo encima del suyo que le impedía moverse, no supo en qué momento había mordido sus labios, pero dolían y sentía un pequeño sabor a sangre en su boca.
Su mente se encontraba en el limbo. Pero de momentos vo