Gabriel sentía una opresión grande en su pecho y sólo podía pensar en Alana, su rostro. Es como si los dos se hubiesen roto en miles de pedazos al mismo tiempo.
Dejo salir a su lobo y decidió correr, sólo así podía contener esas ganas de llorar que sentía. Siempre había sido un hombre lobo sin sentimientos como sus amigos lo llamaban, podía mostrar agradecimiento y respeto con su manada pero nunca se le había visto demostrando amor.
Gabriel se estaba guardando para su pareja y eso le costaba be