Punto de vista de Ninette
Nos quedamos abrazados durante casi una hora, sin prisa, sin hablar mucho. Solo existíamos. Su piel contra la mía, su respiración cálida en mi cuello y su mano dibujando círculos suaves sobre mi vientre. Cada vez que Mateo o Elena pateaban, Marco sonreía contra mi pelo y besaba el lugar exacto donde se movían.
—Son fuertes —susurró con voz ronca de emoción—. Como su mamá.
Giré un poco la cabeza para mirarlo. Sus ojos grises ya no tenían esa oscuridad peligrosa de antes