Me desperté temprano, debía tenerle el alimento preparado a Eduardo José y a las niñas, unas veces tomaban cerelac de trigo, otras veces mazamorra de plátano y otras un batido de milo con Kola granulada. Mi bebé seguía dormido, pero si se levanta y no nos siente se asusta, por eso lo cargué para llevarlo al papá. José dormía a sus anchas, le puse el niño a un lado.
—¿Diosa?
—Debo preparar los desayunos, te encargo al niño, las niñas no demoran en despertarse también, son unas madrugadoras.
—Son