—¿Penitencias? —preguntó con una leve sonrisa.
—Sí. Una vez estaba desesperada por tener sexo, la masturbación no me ayudó y llegué muy temprano a la iglesia, al contarle me llevó a su jardín, el cual estaba perdido en la maleza, rastrojos y ese hermoso árbol se veía perdido por esa selva.
—¿Eres la autoría de ese lindo lugar que ahora es el lugar favorito de César y Alejo? Ellos me han mandado a ese jardín.
—Sí. Desde ese día comencé a trabajar en el jardín, a la hora ya no tenía desespero. El