Nos quedamos mirándonos, entre más hablaba con él, menos vergüenza tenía de mirarlo. Como me dijo el padre Castro, la verdad dignifica.
—Miedo a que me llegara ese desespero por tener sexo y que tú te dieras cuenta.
—¿Nunca sentiste miedo de serme infiel?
—¡Jamás!, primero me introduciría un vibrador o yo misma me daba placer a serte infiel José Eduardo —nuestras miradas se volvieron a encontrar, afirmó y bebió de su copa de vino.
—Pasé por muchos medicamentos, y mientras la doctora trataba de