Las pizzas por fin habían llegado, Santos y Guillermo me ayudaron a dejarlas en la cocina. En eso escuché el llanto de María Paula, y sin pensarlo corrí a ver lo que le había pasado. Me daba un terror enorme que se golpearan o lastimaran, eso no lo había superado, no me gustaba ver a ninguno de mis hijos con heridas.
Mis padres me dicen que non los sobreproteja y mis suegros que en cualquier momento ellos se darán algunos golpes porque hacen parte de su crecimiento. Hasta mi hermana me ha recor