La gente comenzó a llegar, los recibí en la puerta de la entrada, había dejado a mi hijo en los brazos de su abuela Katy, los primeros en llegar fueron los Katsaros, saludé a Blanca, a Deacon, Egan y Adara, al ver a los niños crecer era cuando uno decía que nos estábamos poniendo viejo; las dos bolsas de regalo en manos de los menores, Blanca como siempre de linda, sencilla y eso sí, con su labial fuerte, Deacon todo un caballero.
—Sigan están en su casa, las cumplimentadas andan por ahí corrie