Por la tarde llegó Fabio, traía un ramo de gerberas y rosas. Me encantan los colores vivos de esas flores y me imagino, quien pudo haberle dicho que esas eran mis favoritas.
—Están hermosas, ¡me encantan! ¡Gracias! —le dije contenta y las fui a poner en un florero. Las coloqué en la sala, donde lucirán y alegrarán el lugar.
—No tanto como tú, mi princesita. Junto a ti, se opacan. Solo quería darte un detalle, para compensar estos días de ausencia y preocupaciones —solo me lancé a su cuello y lo