Su mano se aferraba con fuerza a la débil raíz que sobresalía de la pared lodosa pero que no resistiría mucho. Xana jadeó ajustando a Sibyl lo más alto que pudiese sobre ella dado que el agua que había llenado aquella rama le llegaba por encima del pecho, y amenazaba con llenarse mucho más rápido dado el nivel de lluvia.
No era un agujero tan profundo, pero si lo suficiente para poder ver la parte de arriba, los rostros de los lobos preocupados y no poder llegar a ellos a menos que escapara, al