Tenía a su mate hecha un desastre debajo de él. El sexo de ella se convulsionaba ahora alrededor de tres de sus dedos mientras su pulgar seguía taladrando su botón ahora todo hinchado. White se relamía los labios al recordar las caras de placer que había puesto Xana, sobre todo después de tener su primer orgasmo haciendo que el interior de sus muslos se volviera aún más húmedo que antes.
Tenerla así de relajada, sin ponerle resistencia o con la lengua suelta diciéndole hasta del mal que se iba