Mientras Diego estaba sumido en su trabajo, la puerta de su despacho se abrió de par en par con un estruendo. Arturo irrumpió con el rostro encendido por una rabia incontenible. Sin mediar palabra, lanzó una bofetada violenta que impactó de lleno en la mejilla izquierda de Diego.
La cabeza de Diego se giró por el impacto. Se quedó inmóvil un instante, dejando que el ardor se extendiera por su rostro. Sin embargo, su expresión permaneció impasible. No hubo ira, ni una sorpresa exagerada; era c