Diego buscó a Julián en su despacho.
—Julián —la voz de Diego se quebró en medio del silencio—. ¿De verdad no hay otra forma que no sea el aborto?
Julián soltó la pluma que sostenía y se reclinó en su silla, observando a un Diego completamente deshecho y ansioso. En sus ojos se reflejaba la enorme duda oculta tras su fachada gélida. No respondió de inmediato; se tomó un momento para estudiar el rostro desencajado de su amigo.
—No la hay. A menos que quieras perder a Elena —respondió secamen