Diego soltó el tenedor y el cuchillo, haciéndolos tintinear con fuerza contra el plato. Había perdido el apetito por completo. Su mente no dejaba de dar vueltas a la foto de Elena con Daniel y a las palabras de su madre.
—Leire, tengo que irme ahora mismo —dijo Diego, poniéndose de pie bruscamente.
Leire dejó de masticar su filete. —¿Ahora? ¿No era el plan irnos mañana por la mañana? Ni siquiera hemos pedido el postre.
—Hubo un cambio de planes. Tengo que estar en Madrid esta misma tarde