El silencio inundó la sala en cuanto dieron un paso adentro. Durante unos segundos agónicos, nadie se movió. No hubo bienvenidas, ni siquiera un murmullo. En medio de esa atmósfera opresiva, Elena sintió cómo decenas de ojos la escaneaban de la cabeza a los pies.
La estaban juzgando. Evaluando. Buscando cualquier debilidad en cada milímetro de su cuerpo, exactamente igual a las miradas amenas de los hombres que se había cruzado en el hospital la noche anterior.
La tensión finalmente se rompi